La protagonista; una psicoanalista que lleva chándal con zapatos, traje de vestir con chanclas de playa, dice adiós cuando quiere decir hola, se pone gafas para dormir y se las quita al despertar dejándolas sobre la mesita de noche. Al vestirse se pone el sujetador del revés dejando que sus pechos cuelguen, se coloca guantes en los pies y calcetines en las manos...
Un día soleado de marzo, tuvo consulta con un nuevo paciente, éste al entrar, le comentaba que tenía algún trastorno:
- Mire usted, veo las cosas al revés, por ejemplo, la veo con traje y patucos, con anillos en las orejas y pendientes en los dedos... ¿Qué me ocurre doctora?. Ella con gesto interesante le dijo : "Sufre usted una enfermedad, sufre el síndrome PePero".
- ¿Síndrome pepero? ¿Y qué tratamiento debo seguir?
Podemos empezar ahora mismo, es un tratamiento corporal, debe usted aprender a compartir el mundo con los demás, así que bájese los pantalones.
- ¡Pero doctora! ¿De verdad?
¡Cállese, yo soy la psicoanalista y tengo años de experiencia tratando este síndrome!
El señor cojió y se bajó los pantalones, y como todo lo veía al revés, en vez de meter su pene por donde la doctora le indicó, apuntó hacia la boca, y ésta que tampoco tenía las cosas muy claras, en vez de abrir la boca puso la oreja. Así que pim, pam, pim, pam los dos rieron de placer.
Moraleja: aunque nada parezca tener sentido, si la intención es buena, incluso del caos se puede sacar provecho.
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